domingo, 30 de noviembre de 2014

PUERTO RICO Y SU CARNAVAL SIN NOMBRE: DE SAN SEBASTIÁN AL ANONIMATO DE UNA CALLE


            Fueron los griegos quienes dieron inicio al concepto del carnaval como lo conocemos hoy.  Su origen se remonta a las fiestas dionisíacas que bajo el rito del ditirambo se celebraban en la primavera para homenajear el fruto de la vendimia y de su dios desde el Siglo V antes de Cristo.  Tanto las dionisias, -fiestas de canto y esperanza de renovación a Dionisio-, como las antesterias, -fiestas de las flores a Dionisio-, o las leneas, -donde se le rendía culto a su fertilidad-, dieron origen a lo que hoy es el carnaval.  Estos ritos o ditirambos, que organizaban las ménades (sacerdotisas griegas), dieron pie al nacimiento del teatro como lo conocemos hoy.  De ahí, que todo carnaval, lleva máscaras, es teatral, de colorido primaveral, flores, rimbombancia, y frenesí de ampulosidad, bajo serpentinas y confeti.  El rito, que incluía cantos, música de caramillos, coros en torno al altar de Dionisio fue evolucionando dada la competencia exigida por los espectadores de los pueblos griegos y por el estímulo competitivo de Lasos de Hermione quien llevó la fiestas a Atenas y por Simónides de Ceos, que estimuló las artes de la memoria en el rito festivo. 
            Con el pasar del tiempo ocurre un sincretismo, las fiestas cristianas adoptan la estructura de las dionisias griegas sin darse cuenta de su procedencia y las insertan dentro de su celebración de cuaresma.  Se funden tradiciones antiguas dando pie y permiso para comer toda la carne en cuaresma antes de la abstinencia.  De aquí que, toda “carne vale”. En estas fiestas, como en los carnavales de hoy, se selecciona una reina para simbólicamente ofrendarla a la deidad, se bebe, se baila y se come sin reparos, incluso, convirtiéndose en ocasiones en una fiesta de pocos escrúpulos donde el desenfreno y la bebida protagonizaban. 
            Tanto el carnaval de Venecia, como el de Río de Janeiro, el Mardi Gras de Nueva Orleáns, el carnaval de Niza o el de Colonia, los Sanfermines de Pamplona, la Feria de Abril de Sevilla, las Fallas de San José en Valencia, la Tomatina de Buñol, la Tamburrada de San Sebastián, las de San Isidro en Madrid, los carnavales de Puebla, Oaxaca o Campeche en México, los de Pupuja o el de Cusco en Perú, los de Corrientes, el de Buenos Aires y Jujuy en Argentina, por mencionar algunos, contienen estas características dionisíacas y el sincretismo religioso típico de la tradición.  Y todas tienen nombre.
            A ninguna de estas festividades se le ha quitado el nombre; mas todas son internacionales.  La gente del mundo visita anualmente estos lugares para unirse a la celebración y a la catarsis que provee el carnaval. Estas festividades son de una tradición cultural universal; están inmersas e imbuidas en nuestro inconsciente colectivo, son parte de una identidad humana conservada a través del tiempo. Cada una se reafirma en su región presentando los rasgos de su cultura ancestral, folklórica y nacional.  Aunque ya el carnaval perdió su función inicial religiosa de la misma manera que la perdió el ditirambo griego, es símbolo de una tradición fuertemente arraigada a los pueblos.
            En Puerto Rico la tradición carnavalesca como concepto festivo se da prácticamente en todos los pueblos desde mediados del Siglo XIX.  Siendo de las más vistosas aquellas donde las máscaras ejecutorias del teatro, se vuelven Vejigantes, Cabezudos, Rey Momo, bailarina, o reina de carnaval.  Esta tradición folklórica existe desde entonces hasta el Carnaval del Casino Español o el Carnaval de los Artesanos de principios del XX en San Juan. 
            En este nuevo calipso tropical se mantienen las tradiciones y se insertan las maracas, los güiros y los tambores.  Se destacan en nuestra isla, el Carnaval de Ponce, el Carnaval de Río Grande, el de Hatillo, Naguabo, las Fiestas del Apóstol Santiago de Fajardo y otros.  Toda Fiesta Patronal, es un carnaval.  El Patrón es el santo homenajeado, el equivalente al Dionisio de los ritos originarios griegos.  Quitarle el nombre al Patrón, es desnudar un Santo, desnudar una tradición, aniquilar el folklor, es forzar al silencio a una cultura que ha existido y sobrevivido milenios.  Quitarle el nombre a una festividad, es quitarle la identidad a una tradición, es dejar sin rostro y sin máscara el símbolo de una cultura.  Quitarle el nombre a un carnaval es despojarlo de su imagen. 
            Nuestra ciudad de San Juan ha contado con dos festividades de este tipo: la Noche de San Juan, en honor al Patrón de la ciudad y las Fiestas de la Calle San Sebastián originadas en los años cincuenta por el Padre Madrazo de la Parroquia San José, según Ricardo Alegría.  En los años 60’ Alegría asigna a doña Rafaela Balladares la continuación de estas fiestas y gracias a su labor y la de otros líderes comunitarios, las Fiestas de San Sebastián, no solo se convirtieron en el resumen abstracto de una tradición folklórica ancestral, sino en una festividad de inclusión artística donde se fundían las artes, la literatura, la música y la cultura puertorriqueña en general. 
            Nada justifica “desnombrar”, arrancarle el nombre, borrar o dejar sin identidad una tradición tan importante de nuestra cultura puertorriqueña.  Quitarle el nombre a las Fiestas de San Sebastián, y simplemente llamarles “las fiestas de la calle” no es solo simplificar un concepto identatario de nuestra tradición carnavalesca, sino vulgarizar y extra polar la identidad de un país que no necesita más despojos culturales.  Quitarle el nombre a nuestra Fiesta de san Sebastián es sentenciarla al anonimato universal.  Si es cierto que las Fiestas de la Calle San Sebastián se han vuelto internacionales, razón mayor para mostrar con orgullo el origen de una tradición sincrética que ha sido la cara y el eje folklórico del pueblo de Puerto Rico.  Ni los italianos, ni los españoles, ni los americanos, serían capaz de quitarle el nombre a sus carnavales porque sean celebrados y visitados por extranjeros del mundo.  Nuestro carnaval no es una “fiesta de la calle”, es una festividad sagrada, nacional, mucho más compleja dentro de una tradición hispánica y universal que podemos compartir con los turistas.  Enseñemos con orgullo quiénes somos, de dónde vienen nuestras tradiciones y hacia dónde llegarán.  Llevemos nuestro nombre con orgullo, o correremos el peligro de que a nuestro País, también le quiten su nombre.  No se puede despojar, ni dejar en el anonimato nuestra cultura.  Nuestras fiestas de San Juan, siempre serán las Fiestas de San Sebastián
                       

Dra. Zoé Jiménez Corretjer
Catedrática
Departamento de Humanidades
UPR, Humacao

viernes, 6 de junio de 2014

Destinos




A veces la conciencia no tiene reservas
ni tanques de agua para lavar sus errores
Las banderas de mi lenguaje son verdes
como las montañas que saben esperar
pero el sol a veces se convierte en la encarnación
del verano y ebullen por los dedos las palabras
que nunca debimos decir.
Tú que confiesas tus visitas al Hades
que has viajado a ultratumbas
y siniestras potestades
olvidas la alternativa del rescate
olvidas que Perséfone resucita entre los muertos
que se cambia de nombre y de vestido
porque a veces la vida merece una agenda dorada
y aún podemos alterar el mito
porque hay un poema y una esencia alquímica
que transforma la creación del universo
que trastoca las ruecas
que abre caminos llenos de robles y primaveras
celestes, aves de estrellas, pájaros celestes
El fuego no es el mismo
La sabiduría del tiempo hace llaga en los días
y está en las manos secar tormentas
disecar espectros, disectar las casas doradas
para coleccionar gardenias.
Aprende a desechar tus coplas de ausencia
que el mar se abre a viajes y Olimpos
donde no existe el frío y la esencia
entreteje tus olvidos.
Pero no puede ganar la complacencia
ese trono espectral en el que habita la costumbre
entre hebras y rayos y cantos de ilusiones
acompasados caprichos que se esconden
entre todas las vocales abiertas.
Tú sabes bien cuál es el camino
Pero el portón al abismo inverso
tiene un nudo en la garganta
y del otro lado gimen los poetas
esos que con alas transparentes alzan vuelo
ante la fugaz palabra y el trueno.
Pongamos la tranquilla de los cielos
Orfeo está tan triste
y sólo los dioses entran y salen
de sus mundos




Zoé Jiménez Corretjer

domingo, 7 de abril de 2013

Explosión de soles, hombre de voz y papel.
Te imagino como a los astros en la noche, cuando mis ventanas duermen.
Y los mares invocan con moriña tu aliento.
Eres, como la cal del sueño, blanco horizonte de moiras,
rostro invisible que canta; susurro de horizontes.
Eres el perfil de mis dedos.
Conozco de ti la vocal de una inspiración que navega como barca dormida en los vientos. Invoquemos la suerte del verbo.
Imaginemos rocas y mares y cantemos, con voz de principio, caos, semilla y frontera.
Zoé Jiménez Corretjer (2013)

viernes, 24 de agosto de 2012

LOS LIBROS

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